Angelito.

Angelito

Articulo publicado en el Cruzado Aragones 24 mayo 2013. Una instante, muchas vidas. Por Francisco Molina Solana.

Este verano Ángel Rodenas Cebollero actuará en el Teatro Reina Victoria de San Sebastián con el Coro de Atades de Huesca, mientras llega ese día, en la residencia ilusión y trabajo se conjugan juntos;  ya hace unos años que Angelito  vive en el Centro Joaquín Costa de Atades de Barbastro, lleva una vida independiente que resuelve con determinación y reserva, como lo hizo cuando vivía con su familia en la calle Argensola, en una casa colindante a la armería de Lacau, frontera con la casa Zapatillas, próxima a los Escolapios; entonces  a su familia les contaba noticias que le llamaban la atención, las que oía por la calle o en la televisión,  y a su  madre  le decía: ¡no abras la puerta a nadie, que hay gente muy mala!.

De tarde en tarde se deja ver por la ciudad  al frente de un grupo  de personas que formando una fila, salen tutelados a pasear, Ángel suele quedar rezagado, se distrae y conversa con cuántos se paran a saludarle. Su hermana Nati  cuando quiere identificarse con precisión  y rapidez alude a su hermano.

Pertrechado de una memoria prodigiosa  y un alma limpia, sin mácula, apoyado  en la pared del colegio, como lo vemos en la imagen, observaba, respiraba, dejaba pasar el tiempo, consciente de su peculiar percepción;  un año o un día eran isócronos, lo importante era el momento; memorizaba con facilidad nuestros apellidos, los apellidos de los alumnos, profesores, curas o vecinos del barrio. Esos apellidos aprehendidos para siempre.  Protegido  por un entorno  conocido, arropado por generaciones de alumnos del colegio Escolapios, que pasamos por delante de su mirada huidiza, oblicua, y cariñosa, nos preguntaba o nos pedía un lapicero;  atento y observador discernía, y cuando no le quedaba más remedio se enfadaba, se enfadaba sin querer, obligado, como de broma; y también nos advertía ante el peligro: ¡cuidado con el coche que te atropellará! El padre Castel lo retrató apoyado en la pared del colegio, creo que  para que lo recordáramos.

Hay que hablar del padre Castel, cuyo archivo fotográfico fue rescatado entre los desechos, milagrosamente,  como el de la niñera Vivian Maier – de plena actualidad- quien a lo largo de su vida acumuló en secreto un sorprendente legado compuesto por 100.000 negativos, que ahora salen a la luz para poner autoría  a esas fotografías casuales. Como las de este cura y profesor del colegio de los Escolapios de Barbastro, quien dedicó su tiempo libre  a capturar  las imágenes que tomaba por cualquier motivo, mientras paseaba, con indudable   técnica y valor documental.  José Castel Marsol había nacido en la villa de Arén  en el mes de junio de 1914, la último etapa de su vida la pasó íntegramente en el colegio de los padres Escolapios de Barbastro, desde 1967 hasta 1984;  profesor de ciencias, experto en mecánica, reparador de relojes, aparatos de radio, televisión y máquinas fotográficas. Apasionado de la fotografía; por su afición hemos recibido en herencia imágenes de la vida cotidiana de nuestra ciudad: profesionales ejerciendo su oficio, niños jugando por calles o plazas, escolares en sus aulas, espectadores ante la vuelta ciclista a España, la canalización del río, las fiestas, las ferias. Durante su permanencia en  nuestra ciudad fue capellán de las Residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, lo que justifica las curiosas imágenes  que conservamos de las instalaciones, las monjas y los ancianos residentes.  Estas fotografías  clasificadas por temas, esperan pacientemente el momento de darse a conocer;  la Asociación de Comerciantes de Barbastro  las recogió y las conserva con la ayuda de la Fototeca de la DPH; mientras, alguna  se asoma con murmullo quedo.